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dijous, 28 d’abril de 2016

Junts? --- ¿Juntos?


[Entrada 126]

Junts?


Se sol argumentar que els països grans tenen un potencial major, tenen millors possibilitats de prosperar, però la història ens presenta un clar contraexemple, un exemple que diu tot el contrari. Al voltant del segle XV la Xina era un estat unificat i poderós, capdavanter mondial en ciència, tecnologia i navegació marítima. Mentrestant l'endarrerida Europa rebia a través del món islàmic el progrés científic i tecnològic d'orient. I també a través d'ells recuperava el que quedava de la seva pròpia cultura, un saber que provenia de babilonis i altres pobles del Creixent Fèrtil, i també d'egipcis, grecs i romans. Xina semblava tenir un avantatge insuperable. En canvi entre 1492 i 1914 el 88% del territori del món (inclòs el de Xina) va dependre en algun moment d'algun dels estats europeus, ja fos en forma de colònia o d'alguna altra forma d'explotació comercial i de submissió cultural. Europa va occidentalitzar el món.

El text que presento al final del post (en versió castellana) correspon a una part de l'epíleg del llibre de Jared Diamond: Guns, Germs, and Steel: The Fates of Human Societies (Armes, gèrmens i acer: Els destins de les societats humanes) escrit el 1997 i que va guanyar del premi el Premi Pulitzer l'any següent. El llibre analitza el progrés de la civilització des del seu origen intentant trobar la resposta a una pregunta aparentment senzilla: Per què Pizarro va conquerir l'Imperi Inca vencent Atahualpa a Cajamarca i no van ser els inques qui van conquerir el regne de Castella?

Al fragment adjunt es donen les claus del triomf d'Europa al món, front d'altres possibles estats candidats a fer-se'n els amos. L'autor argumenta que el principal avantatge d'Europa va ser la seva balcanització, el fet d'estar formada per petits estats que competien uns amb els altres, on hi havia diversitat política. Aquests estats europeus van haver de progressar força més i més de pressa que altres més grans que havien estat tecnològicament més avançats.

Sens dubte aquests arguments que demostren que no sempre pertànyer a un gran estat és avantatjós, que una diversitat d'estats competint entre ells és a al llarga una millor opció, alimenten d'una banda l'euro-escepticisme, i de l'altre l'independentisme de les diverses regions espanyoles i europees que aspiren esdevenir estats independents amb o sense Unió Europea. Val la pena no oblidar que la Unió Europea va ser concebuda als EUA precisament perquè tanta diversitat se'ls feia indominable... També per això, però no només per això, el projecte de TTIP (supersecret) fa molta, però molta, por.

Una abraçada.








¿Juntos?


Se suele argumentar que los países grandes tienen un potencial mayor, tienen mejores posibilidades de prosperar, pero la historia nos presenta un claro contra-ejemplo, un ejemplo que dice todo lo contrario. Alrededor del siglo XV China era un estado unificado y poderoso, líder mundial ciencia, tecnología y navegación marítima. Mientras la atrasada Europa recibía a través del mundo islámico el progreso científico y tecnológico de oriente. Y también a través de ellos recuperaba lo que quedaba de su propia cultura, un saber que provenía de babilonios y otros pueblos del Creciente Fértil, y también de egipcios, griegos y romanos. China parecía tener una ventaja insuperable. En cambio entre 1492 y 1914 el 88% del territorio del mundo (incluido el de China) dependió en algún momento de alguno de los estados europeos, ya fuera en forma de colonia o de alguna otra forma de explotación comercial y de sometimiento cultural. Europa occidentalizó el mundo.

El texto que presento al final del post (en versión castellana) corresponde a una parte del epílogo del libro de Jared Diamond: Jared Diamond: Guns, Germs, and Steel: The Fates of Human Societies (Armas, gérmenes y acero: La sociedad humana y sus destinos) escrito en 1997 y que ganó el premio el premio Pulitzer al año siguiente. El libro analiza el progreso de la civilización desde su origen intentando encontrar la respuesta a una pregunta aparentemente sencilla: ¿Por qué Pizarro conquistó el Imperio Inca venciendo a Atahualpa en Cajamarca y no fueron los incas quienes conquistaron el reino de Castilla?

En el fragmento adjunto se dan las claves del triunfo de Europa en el mundo, frente a otros posibles estados candidatos a hacerse los dueños de él. El autor argumenta que la principal ventaja de Europa fue su balcanización, el hecho de estar formada por pequeños estados que competían unos con otros, donde había diversidad política. Esos estados europeos tuvieron que progresar bastante más y más deprisa que otros mayores que habían sido tecnológicamente más avanzados.

Sin duda esos argumentos que demuestran que no siempre pertenecer a un gran estado es ventajoso, que una diversidad de estados compitiendo entre ellos es el larga una mejor opción, alimentan por una parte el euro-escepticismo, y por la otra el independentismo de las diversas regiones españolas y europeas que aspiran convertirse en estados independientes con o sin Unión Europea. Vale la pena recordar que la Unión Europea fue concebida en EEUU precisamente porque tanta diversidad se les hacía indominable... También por eso, però no solo por eso, el proyecto de TTIP (supersecreto) da mucho, pero mucho, miedo.

Un abrazo.







Jared Diamond; Armas, gérmenes y acero: La sociedad humana y sus destinos. Madrid 2007


Epílogo

[...]

Una segunda extensión será a escalas geográficas menores y escalas temporales más breves que las de este libro. Por ejemplo, la siguiente pregunta obvia se les ha ocurrido ya probablemente a los lectores: ¿por qué, dentro de Eurasia, fueron las sociedades europeas, y no las del Creciente Fértil, China o India, las que colonizaron América y Australia, tomaron la delantera en cuanto a tecnología y llegaron a ser política y económicamente dominantes en el mundo moderno? Un historiador que hubiera vivido en cualquier época entre 8500 a.C. y 1450, y que hubiera intentado predecir entonces las trayectorias históricas futuras, habría afirmado sin duda que la dominación final de Europa era el resultado menos probable, porque Europa fue la más atrasada de estas tres regiones del Viejo Mundo durante la mayor parte de esos 10.000 años. Desde 8500 a.C. hasta el auge de Grecia, y después de Italia, a partir de 500 a.C., casi todas las grandes invenciones de Eurasia occidental —la domesticación de animales, la aclimatación de plantas, la escritura, la metalurgia, la rueda, los estados, etc.— surgieron en el Creciente Fértil o cerca de esta región. Hasta la proliferación de los molinos de agua a partir de 900, la Europa situada al oeste o al norte de los Alpes no aportó nada de especial relevancia a la tecnología o la civilización del Viejo Mundo; por el contrario, fue receptora de avances procedentes del Mediterráneo oriental, el Creciente Fértil y China. Incluso desde 1000 hasta 1450, la corriente de ciencia y tecnología se dirigió de forma predominante hacia Europa a partir de las sociedades islámicas que se extendían desde India hasta el norte de África, y no a la inversa. Durante esos mismos siglos, China estuvo a la cabeza del mundo en tecnología, tras haber emprendido la producción de alimentos muy poco después que el Creciente Fértil.

¿Por qué, pues, el Creciente Fértil y China perdieron finalmente su enorme delantera de miles de años sobre una Europa que partió mucho después? Se pueden señalar, desde luego, los factores inmediatos que explican el ascenso de Europa: el desarrollo de una clase mercantil, el capitalismo y la protección de los inventos mediante patentes, el no haber desarrollado déspotas absolutos e impuestos aplastantes, y su tradición greco-judeo-cristiana de investigación empírica y crítica. Con todo, a pesar de tales causas inmediatas, debemos formular la pregunta de la causa última: ¿por qué estos factores inmediatos también surgieron en Europa, y no en China o el Creciente Fértil?

En lo que al Creciente Fértil se refiere, la respuesta es clara. Una vez perdida la ventaja de salida de la que había disfrutado gracias a la concentración localmente accesible de plantas silvestres y de animales domesticables, el Creciente Fértil no poseía ninguna ventaja geográfica de peso. La desaparición de esa ventaja de salida puede analizarse en detalle, del mismo modo que el desplazamiento hacia el oeste de los imperios poderosos. Después del nacimiento de los estados del Creciente Fértil en el cuarto milenio a.C., el centro del poder permaneció inicialmente en el Creciente Fértil, rotando entre imperios como los de Babilonia, los hititas, Asiria y Persia. Con la conquista griega de todas las sociedades avanzadas desde Grecia hasta India bajo Alejandro Magno a finales del siglo IV a.C., el poder efectuó finalmente su primer desplazamiento irrevocablemente hacia el oeste. Se desplazó más al oeste con la conquista de Grecia por Roma en el siglo II a.C., y después de la caída del Imperio romano se movió finalmente de nuevo, hacia Europa occidental y septentrional.

El principal factor en estos desplazamientos se hace evidente en cuanto se compara el Creciente Fértil moderno con las descripciones antiguas de la región. Hoy en día, las expresiones «Creciente Fértil» y «líder mundial de la producción de alimentos» son absurdas. Grandes zonas del antiguo Creciente Fértil son ahora desierto, semidesierto o estepa, o terreno intensamente erosionado o salinizado, inútil para la agricultura. La efímera riqueza actual de algunas naciones de la región, basada en el solo recurso no renovable del petróleo, oculta la antigua y profunda pobreza de la región y su dificultad para alimentarse.

En la antigüedad, sin embargo, gran parte del Creciente Fértil y de la región del Mediterráneo oriental, incluida Grecia, estaba cubierta de bosques. La transformación de la región de bosques fértiles a maleza erosionada o desierto ha sido aclarada por paleobotánicos y arqueólogos. Sus bosques fueron talados para la agricultura, o cortados para obtener madera para la construcción, o quemados en forma de leña o para fabricar yeso. Debido a las bajas precipitaciones, y por tanto a la baja productividad primaria (proporcional a la precipitación), el rebrote de la vegetación no pudo seguir el ritmo de su destrucción, especialmente ante el exceso de pastoreo de las abundantes cabras. Una vez eliminada la cubierta de árboles y hierba, la erosión avanzó y los valles se encenagaron, mientras la agricultura de regadío en un medio con bajo nivel de precipitaciones condujo a la acumulación de sal. Estos procesos, que comenzaron en el Neolítico, han continuado hasta la época moderna. Por ejemplo, los últimos bosques cercanos a la antigua capital nabatea de Petra, en la moderna Jordania, fueron talados por los turcos otomanos durante la construcción del ferrocarril de Hejaz, poco antes de la primera guerra mundial.

Así pues, las sociedades del Creciente Fértil y el Mediterráneo oriental tuvieron la desgracia de surgir en un medio ecológicamente frágil. Cometieron suicidio ecológico al destruir su base de recursos. El poder se desplazó hacia el oeste a medida que la sociedad del Mediterráneo oriental, a su vez, se debilitaba, a partir de las sociedades más antiguas, las del este (el Creciente Fértil). Europa septentrional y occidental evitaron esta suerte, no porque sus habitantes fuesen más inteligentes sino porque tuvieron la buena suerte de vivir en un entorno mucho más sólido, con un nivel de precipitaciones muy superior, en el que la vegetación vuelve a crecer rápidamente. Gran parte de Europa septentrional y occidental puede seguir albergando una agricultura intensiva y productiva en nuestros días, 7.000 años después de la llegada de la producción de alimentos. En realidad, Europa recibió sus cultivos, animales domésticos, tecnologías y sistemas de escritura del Creciente Fértil, que después se autoeliminó gradualmente como centro principal de poder e innovación.

Así fue como el Creciente Fértil perdió su temprana y enorme ventaja de salida sobre Europa. ¿Por qué China también perdió su ventaja? Su retraso es sorprendente en un principio, porque China disfrutaba de indudables ventajas: un nacimiento de la producción de alimentos tan temprano como en el Creciente Fértil; diversidad ecológica desde China septentrional hasta la meridional y desde el litoral hasta las altas montañas de la meseta tibetana, que dio origen a una diversidad de cultivos, animales y tecnología; una superficie extensa y productiva, que alimentaba a la población humana regional más numerosa del mundo; y un medio menos seco o ecológicamente frágil que el del Creciente Fértil, que permite aún a China albergar una agricultura intensiva y productiva después de casi 10.000 años, aunque sus problemas ambientales vayan en aumento hoy en día y sean más graves que los de Europa occidental.

Estas ventajas generales y esta ventaja de salida permitieron que la China medieval se pusiese a la cabeza del mundo en tecnología. La larga lista de sus grandes primicias tecnológicas incluye el hierro fundido, la brújula, la pólvora, el papel, la imprenta y muchas otras a las que ya nos hemos referido. También estuvo a la cabeza del mundo en poder político, navegación y dominio de los mares. A comienzos del siglo XV envió flotas en busca de tesoros, formadas cada una por cientos de embarcaciones que podían superar los 100 m de eslora y con unas tripulaciones totales de hasta 28.000 hombres, cruzando el océano Índico, hasta las costas orientales de África, décadas antes de que las tres minúsculas carabelas de Colón cruzasen el estrecho océano Atlántico para llegar a las costas orientales de América. ¿Por qué las embarcaciones chinas no bordearon África por el cabo más meridional del continente, continuando hacia el oeste para colonizar Europa, antes de que las tres enclenques embarcaciones de Vasco da Gama bordearan el cabo de Buena Esperanza rumbo al este y dieran comienzo a la colonización de Asia oriental por Europa? ¿Por qué los barcos chinos no cruzaron el Pacífico para colonizar las costas occidentales de América? ¿Por qué, en una palabra, China perdió su ventaja tecnológica frente a la antes tan atrasada Europa?

El fin de las flotas chinas buscadoras de tesoros nos ofrece una pista. Siete de aquellas flotas zarparon de China entre 1405 y 1433. A partir de este último año fueron suspendidas como consecuencia de una aberración típica de la política local que pudo suceder en cualquier lugar del mundo: una lucha por el poder entre dos facciones de la corte china (los eunucos y sus oponentes). La primera facción había sido identificada con el envío y capitaneo de las flotas. De ahí que cuando la segunda facción se impuso en una lucha por el poder, dejó de enviar flotas, desmanteló finalmente los astilleros y prohibió la navegación de altura. Este episodio nos recuerda la legislación que estranguló el desarrollo del alumbrado eléctrico público en Londres en el decenio de 1880, el aislacionismo de Estados Unidos entre la primera y la segunda guerras mundiales y distintos pasos atrás en distintos países, todo ello motivado por cuestiones políticas locales. Pero en China hubo una diferencia, porque toda la región estaba unificada políticamente. Una sola decisión detuvo las flotas en toda China. Aquella decisión temporal se hizo irreversible, porque no quedaron astilleros para producir barcos que demostrasen la insensatez de aquella decisión temporal, y para actuar como núcleo de la reconstrucción de otros astilleros.

Comparemos ahora estos hechos de China con lo que sucedió cuando las flotas de exploración comenzaron a navegar desde la Europa políticamente fragmentada. Cristóbal Colón, italiano de nacimiento, cambió su lealtad hacia el duque de Anjou en Francia, y después hacia el rey de Portugal. Cuando éste rechazó su petición de naves para emprender la exploración rumbo al oeste, Colón recurrió al duque de Medina-Sidonia, quien también la rechazó, y después al conde de Medinaceli, quien hizo otro tanto, y finalmente al rey y la reina de España, que rechazaron la primera petición de Colón pero finalmente aceptaron su nuevo requerimiento. Si Europa hubiera estado unida bajo cualquiera de los tres primeros gobernantes, la colonización de América podría no haber visto la luz todavía.

De hecho, precisamente porque Europa estaba fragmentada, Colón triunfó en su quinto intento de convencer a uno de los cientos de príncipes de Europa para que le patrocinara. Una vez que España hubo iniciado de este modo la colonización europea de América, otros estados europeos vieron que la riqueza fluía hacia España, y fueron seis los que se apuntaron a la colonización de América. La historia se repitió en el caso del cañón, la luz eléctrica, la imprenta, las pequeñas armas de fuego e innumerables innovaciones de Europa: todas ellas encontraron al principio indiferencia u oposición en algunas partes de Europa por razones idiosincrásicas, pero una vez adoptadas en una zona, se difundieron finalmente al resto de Europa.

Las consecuencias de la falta de unidad de Europa presentan un marcado contraste con las de la unidad de China. La corte china decidía de vez en cuando poner fin a otras actividades, además de a la navegación ultramarina: abandonó el desarrollo de una compleja máquina de hilar propulsada por agua, retrocedió cuando estaba al borde de una revolución industrial en el siglo XIV, demolió o prácticamente abolió los relojes mecánicos después de estar a la cabeza del mundo en fabricación de relojes, y abandonó los ingenios mecánicos y la tecnología en general a partir de finales del siglo XV. Estos efectos potencialmente perjudiciales de la unidad han estallado de nuevo en la China moderna, especialmente durante la locura de la Revolución Cultural de los decenios de 1960 y 1970, cuando una decisión de uno o unos cuantos dirigentes cerraron todos los sistemas escolares del país durante cinco años.

La frecuente unidad de China y la permanente desunión de Europa tienen una larga historia. Las zonas más productivas de la China moderna se unieron políticamente por primera vez en 221 a.C., y así han permanecido durante la mayor parte del tiempo transcurrido desde esa fecha. China sólo ha tenido un sistema de escritura desde el comienzo, una sola lengua dominante durante mucho tiempo, y una considerable unidad cultural durante dos mil años. En cambio, Europa nunca ha estado ni remotamente cerca de la unificación política: estaba aún escindida en 1.000 pequeños estados independientes en el siglo XIV, en 500 pequeños estados en 1500, llegó a un mínimo de 25 estados en el decenio de 1980, y a partir de ese momento su número aumentó de nuevo, hasta casi 40 en el momento de escribir esta frase. Europa tienen aún 45 lenguas, cada una de ellas con su propio alfabeto modificado, y una diversidad cultural mayor aún. Las discrepancias que continúan frustrando hoy en día incluso los modestos intentos de unificación europea a través de la Unión Europea (UE) son sintomáticos del arraigado compromiso de Europa con la desunión.

De ahí que el verdadero problema para comprender la pérdida de preeminencia política y tecnológica de China ante Europa radique en comprender la unidad crónica de China y la desunión crónica de Europa. La respuesta nos la sugieren de nuevo los mapas. El litoral de Europa es sumamente recortado, con cinco grandes penínsulas que se acercan a las islas en su aislamiento, y todas las cuales desarrollaron lenguas, grupos étnicos y gobiernos independientes: Grecia, Italia, la península Ibérica, Dinamarca y Noruega/Suecia. El litoral de China es mucho más uniforme, y sólo la cercana península de Corea alcanzó una importancia independiente. Europa tiene dos islas (Gran Bretaña e Irlanda) suficientemente grandes como para afirmar su independencia política y mantener sus propias lenguas y etnicidades, y una de ellas (Gran Bretaña) bastante grande y cercana como para convertirse en una gran potencia europea independiente. Pero la superficie de las dos islas más grandes de China, Taiwán y Hainán, no representa en cada caso ni la mitad de la superficie de Irlanda; ni hubo una gran potencia independiente hasta la aparición de Taiwán en las últimas décadas; y el aislamiento geográfico de Japón hizo que este país estuviera más aislado políticamente del resto del continente asiático que Gran Bretaña de la Europa continental. Europa está dividida en unidades lingüísticas, étnicas y políticas independientes por altas montañas (los Alpes, los Pirineos, los Cárpatos y los montes escandinavos), mientras que las montañas de China al este de la meseta tibetana son barreras mucho menos formidables. El núcleo de China está unido de este a oeste por dos largos sistemas fluviales navegables situados en ricos valles aluviales (los ríos Yangtsé y Amarillo), y está unido al norte y al sur por conexiones relativamente fáciles entre estos dos sistemas fluviales (vinculados finalmente por canales). En consecuencia, China estuvo dominada desde muy pronto por dos grandes zonas geográficas centrales de alta productividad, sólo separadas débilmente entre sí y finalmente fusionadas en un solo centro. Los dos ríos más importantes de Europa, el Rin y el Danubio, son más pequeños y conectan una superficie mucho menor de Europa. A diferencia de China, Europa tiene muchas zonas centrales pequeñas y dispersas, ninguna bastante grande como para dominar a las demás durante mucho tiempo, y cada una de ellas centro de estados crónicamente independientes.

Una vez unificada finalmente China, en 221 a.C., ningún otro Estado independiente tuvo nunca la oportunidad de surgir y perdurar durante mucho tiempo en China. Aunque los períodos de desunión reaparecieron en varias ocasiones después de 221 a.C., siempre acabaron en la reunificación. La unificación de Europa, en cambio, ha resistido los intentos de conquistadores tan resueltos como Carlomagno, Napoleón y Hitler; ni siquiera el Imperio romano en su apogeo llegó a controlar más de la mitad de la superficie europea.

Así pues, la conexión geográfica y unas barreras internas sólo modestas dieron a China una ventaja inicial. China septentrional, China meridional, el litoral y el interior aportaron diferentes cultivos, ganado, tecnologías y rasgos culturales a la China finalmente unificada. Por ejemplo, el cultivo del mijo, la tecnología del bronce y la escritura nacieron en China septentrional, mientras que el cultivo de arroz y la tecnología de la fundición del hierro surgieron en China meridional. Durante gran parte de este libro hemos hecho hincapié en la difusión de la tecnología que tiene lugar en ausencia de grandes obstáculos. Pero la conexión de China se convirtió finalmente en desventaja, porque la decisión de un déspota podía, y así sucedió reiteradamente, detener la innovación. En cambio, la balcanización geográfica de Europa tuvo como resultado decenas o cientos de pequeños estados y centros de innovación independientes y competidores. Si un Estado no continuaba con una innovación concreta, otro lo hacía, obligando a los estados vecinos a hacer lo mismo o a ser conquistados, o a quedar rezagados económicamente. Las barreras de Europa fueron suficientes para impedir la unificación política, pero insuficientes para poner fin a la difusión de tecnologías e ideas. Nunca ha habido un déspota que haya podido cerrar el grifo para toda Europa, como sucedía en China.

[...]




dijous, 7 d’abril de 2016

Sí que es pot --- Sí se puede

[Entrada 125]

Sí que es pot


Sens dubte la història ens demostra que des de fa uns 8.000 anys, des dels origens de la civilització, la població civilitzada ha estat governada en general per una petita part de la població, una elit de gent rica ben organitzada, que només s'ha preocupat de mantenir els seus privilegis, les seves riqueses, i satisfer la seva cobdícia. Elit que s'ha autoanomenat aristocràcia (els millors), patricis (els pares), noblesa (els distingits), etc. i que que no han estat ni són més que una oligarquia, un grup reduït de persones.

Em direu que això ha canviat, que la revolució francesa va acabar amb el govern de les nobleses, que els estats actuals s'ocupen de la redistribució de la riquesa, que les democràcies parlamentàries garanteixen la igualtat davant la llei... Tot plegat és més aparent que real. Dos exemples ens ho fan evident. La democràcia real seria que qualsevol ciutadà només pels seus mèrits pogués arribar a la cúspide del poder, però no és així, per exemple per arribar a president dels EUA cal tenir una fortuna al darrera com posat de manifest en Donald Trump, en un país on només es pot triar entre Demòcrates, que no passen de ser el centre i Republicans, la dreta més casposa. McCathy va acabar d'afeblir les poques esquerres que hi ha hagut en aquell estat.

D'altra banda, les bosses de misèria cada dia més freqüents en totes les democràcies occidentals i la recent posada a la llum dels papers de Panamà ens demostren que la funció de redistribuir la riquesa de les democràcies occidentals no funciona, ni hi ha cap interés en que ho faci.

Malgrat que molts s'esforcin a negar-ho, la oligarquia existeix, ostenta el poder i és qui decideix que cal fer en cada moment. No els cal reunir-se, tot i que tenen els seus punts de trobada, com el fòrum de Davos, el G8 o el G20, funcionen com totes les màfies, a base de cadenes de favors, de codis no escrits i de patronatges i apadrinaments. No els cal cap "capo" en tenen prou amb una única norma, recolzar-se mútuament en l'enriquiment, en satisfer la seva cobdícia.

La nostra única força és la unió. La plebs romana, per posar un exemple, només va aconseguir reformar la República de la Roma antiga, amb l'amenaça d'abandonar aquella ciutat-estat. Per això, un dels principals esforços d'aquesta oligarquia és impedir que formem una esquerra forta com la Segona República Espanyola, que van haver corregir amb una guerra civil i un feixisme del qual encara avui en patim les seqüeles. Un exemple actual del que vull dir el tenim ara al nostre estat amb la maniobra de Ciutadans (C's) per impedir que es pugui formar un govern d'esquerres a l'estil del de Portugal.

Em sembla més que evident que només aconseguirem acabar amb la nostra situació de clara desavantatge social, de flagrant injustícia i abús per part d'aquestes oligarquies (que difícilment han superat ni superen el 10% de la població) el dia que siguem capaços d'entendre que el que ens cal per sobre de tot és la unió. Les nostres divergències i individualismes juguen en contra nostra, ens afebleixen i els donen un fort avantatge als oligarques.

La majoria som gent humil, amb pocs recursos, que treballem per compte d'altres o que tot i ser propietaris d'uns pocs mitjans de producció estem supeditats a un mercat que controlen grans companyies i grups financer que estan controlats per la oligarquia. En una paraula, som proletaris. Com ja deia el Manifest comunista de Karl Marx i Friedrich Engels al 1848, el meu crit és: Proletarier aller Länder, vereinigt euch! (Proletaris del món, uniu-vos!). Però aquest lema va perdre tota la seva força quan el primer estat que l'ostentava, la URSS, va adoptar formes totalitàries i oligàrquiques. Ara el lema que sembla tenir força és aquest "Sí que es pot!" que criden els qui volen canviar les coses de cara a un món més equitatiu. Un lema que sembla cridar-nos a una nova unió del proletariat per fer front a totes les formes d'oligarquia conegudes i les que encara estan per descobrir, recuperant l'autèntica democràcia i la justícia social. Tot i que moltes vegades em costa de creure als qui el defensen, entenc que si volem vèncer-los no tenim més camí que unir-nos perquè som la majoria, més del 90% de la població, i units tenim les de véncer. Malauradament ara ja no ens queda el recurs d'anar-nos-en que tenia en el seu moment la plebs romana, només ens queda el d'unir-nos i fer-los front.

Només em queda aclarir que no he votat mai a Podemos ni a cap de les seves coalicions, tot i que no descarto fer-ho quan em sembli oportú.

Una abraçada.








Sí se puede


Sin duda la historia nos demuestra que desde hace unos 8.000 años, desde los orígenes de la civilización, la población civilizada ha sido gobernada en general por una pequeña parte de la población, una élite de gente rica bien organizada, que sólo se ha preocupado de mantener sus privilegios, sus riquezas, y satisfacer su codicia. Élite que se ha autodenominado aristocracia (los mejores), patricios (los padres), nobleza (los distinguidos), etc. y que no han sido ni son más que una oligarquía, un grupo reducido de personas.

Me diréis que esto ha cambiado, que la revolución francesa acabó con el gobierno de las noblezas, que los estados actuales se ocupan de la redistribución de la riqueza, que las democracias parlamentarias garantizan la igualdad ante la ley... Todo eso es más aparente que real. Dos ejemplos nos lo ponen en evidencia. La democracia real sería que cualquier ciudadano sólo por sus méritos pudiera llegar a la cúspide del poder, pero no es así, por ejemplo para llegar a presidente de EEUU es necesario tener una fortuna detrás como puesto de manifiesto en Donald Trump, en un país donde sólo se puede elegir entre Demócratas, que no pasan de ser el centro y Republicanos, la derecha más casposa. McCathy acabó de debilitar las pocas izquierdas que ha habido en aquel estado.

Por otra parte, las bolsas de miseria cada día más frecuentes en todas las democracias occidentales y la reciente puesta a la luz de los papeles de Panamá nos demuestran que la función de redistribuir la riqueza de las democracias occidentales no funciona, ni hay ningún interés en que funcione.

A pesar de que muchos se esfuercen en negarlo, la oligarquía existe, ostenta el poder y es quien decide que hay que hacer en cada momento. No necesitan reunirse, aunque tienen sus puntos de encuentro, como el foro de Davos, el G8 o el G20, funcionan como todas las mafias, a base de cadenas de favores, de códigos no escritos y de patronajes y apadrinamientos. No necesitan ningún "capo" les basta con una única norma, apoyarse mutuamente en el enriquecimiento, en satisfacer su codicia.

Nuestra única fuerza es la unión. La plebe romana, por poner un ejemplo, sólo consiguió reformar la República de la Roma antigua, con la amenaza de abandonar aquella ciudad-estado. Por ello, uno de los principales esfuerzos de esta oligarquía es impedir que formemos una izquierda fuerte como pasó en la Segunda República Española, que tuvieron que corregir con una guerra civil y un fascismo del cual aún hoy sufrimos sus secuelas. Un ejemplo actual de lo que quiero decir lo tenemos ahora en nuestro estado con la maniobra de Ciudadanos (C 's) para impedir que se pueda formar un gobierno de izquierdas al estilo del de Portugal.

Me parece más que evidente que sólo conseguiremos acabar con nuestra situación de clara desventaja social, de flagrante injusticia y abuso por parte de esas oligarquías (que difícilmente han superado ni superan el 10% de la población) el día que seamos capaces de entender que lo que necesitamos por encima de todo es la unión. Nuestras divergencias y individualismos juegan en contra nuestra, nos debilitan y les dan una gran ventaja a los oligarcas.

La mayoría somos gente humilde, con pocos recursos, que trabajamos por cuenta de otros o que siendo propietarios de unos pocos medios de producción estamos supeditados a un mercado que controlan grandes compañías y grupos financiero que están controlados por la oligarquía. En una palabra, somos proletarios. Como ya decía el Manifiesto comunista de Karl Marx y Friedrich Engels en 1848, mi grito es: Proletarier aller Länder, vereinigt euch! (¡Proletarios del mundo, uníos!). Pero este lema perdió toda su fuerza cuando el primer estado que lo ostentaba, la URSS, adoptó formas totalitarias y oligárquicas. Ahora el lema que parece tener fuerza es ese "¡Sí se puede!" que gritan los que quieren cambiar las cosas para lograr a un mundo más equitativo. Un lema que parece llamar a una nueva unión del proletariado para hacer frente a todas las formas de oligarquía conocidas y las que aún están por descubrir, recuperando la auténtica democracia y la justicia social. Aunque muchas veces me cuesta creer a quienes lo defienden, entiendo que si queremos vencerlos no tenemos más camino que unirnos porque somos la mayoría, más del 90% de la población, y unidos tenemos las de vencer. Desgraciadamente ahora ya no nos queda el recurso de irnos que tenía en su momento la plebe romana, sólo nos queda el de unirnos y hacerles frente.

Sólo me queda aclarar que no he votado nunca a Podemos ni a ninguna de sus coaliciones, aunque no descarto hacerlo cuando me parezca oportuno.

Un abrazo.